Esto que ahora les voy a contar es rigurosamente cierto. Lo vi y escuche por el National Geographic Channel hace unos meses, quizás un año, pero digamos que por un descuido no tome nota tanto del nombre como la ubicación de los protagonistas de esta “historia”. Pero en fin, allí va:
En algún lugar de las vastas selvas tropicales, y aunque parezca increíble, existe una planta cuya flor, tiene la forma, combinación de colores (amarillo y negro a rayas) y la fragancia de las feromonas, de la hembra de una especie de abejorro que merodea por allí.
De esta manera, la planta atrae al abejorro el cual, mientras se entrega a un frenético y delirante episodio de amor con la flor, en la ingenua creencia de que se trata de una de sus mas atractivas y sensuales hembras, lo que sucede en realidad es que su cuerpo y especialmente sus patas, se van saturando de del polen contenido en la flor, y así, el abejorro, una vez saciados sus instintos sexuales, alza vuelo con su preciada carga, y al posarse sobre otra flor de otra planta de la misma especie, completa el ciclo de la llamada polinización, mecanismo necesario para la reproducción de la planta.
Pero la cosa no se queda allí, resulta que en esta planta, presenta su ciclo de floración, en forma simultanea con el ciclo sexual o de fecundación del abejorro, y así, garantizar la efectiva atracción del espécimen polinizador.
Este extraordinario y fascinante ejemplo de simbiosis, aunque en realidad no se si pueda llamarse así por cuanto aquí la planta lo que hace es aprovecharse de las debilidades sexuales del abejorro, y que en la TV se presenta solo y simplemente como una curiosidad de los extremos de adaptación a que pueden llegar los organismos vivientes en la madre naturaleza, de verdad que bien vale la pena ser analizado, utilizando u método referido estrictamente a la cronología, en función a los asuntos que nos interesan: creación y evolución.
Si nos atenemos a la tesis creacionista, ambos organismos, planta y abejorro, debieron haber sido creados y surgidos simultáneamente sobre la faz de la tierra, y así, en el tercer día de la Creación, cuando Dios creó toda clase de; hierbas que den semilla y toda clase de árboles que den fruto, debió haber creado esta peculiar planta cuya flor tiene, la forma, colores y aroma de la hembra de un futuro abejorro. Futuro por cuanto tres días después, al sexto día de la Creación, cuando Dios creó toda clase de animales domésticos y salvajes, y los que se arrastran por el suelo, debió crear este singular tipo de abejorro con la forma, colores y aroma de la flor de la planta. Esto, a pesar de haber transcurrido tres días entre la creación de uno y otro espécimen, debe considerarse simultaneo en primer lugar por cuanto fue ejecutado dentro del único, sin igual e irrepetible proceso de creación y en segundo lugar por cuanto tres días, es un termino infinitesimal por no decir despreciable dentro del transcurso histórico de la tierra.
Esta tesis creacionista, que niega toda posibilidad de evolución, debería entonces venir acompañada con lo que podríamos denominar el “Principio de Inmutabilidad de las Especies” según el cual toda lo que conocemos y vemos, tanto la realidad inerte como la vital ha existido, existe y existirá tal cual como fue concebida y creada por Dios y en consecuencia, si una especie o un importante grupo de individuos de esa especie, se encuentra por alguna gradual circunstancia amenazada, simplemente no tendrá posibilidades de generar mecanismos de adaptación o de defensa en contra esa amenaza y así, estará inexorablemente condenada a la extinción.
Por otra parte, tenemos la tesis Evolucionista, la cual todos conocemos y dentro de la cual existen dos posibilidades cronológicas:
En primer lugar tomemos al posibilidad de que surgió primero la planta y después el abejorro. Esto, a la luz de los principios evolucionistas resulta cronológicamente imposible, por cuanto la planta no pudo haber desarrollado primero las características físicas de un abejorro que simplemente no existía al momento del desarrollo de tales características.
Esta posibilidad por simple lógica debe ser descartada.
En segundo y ultimo lugar, surgió primero el abejorro y después la planta.
Si aplicamos los principios de la teoría de la evolución, existía una especie de planta en peligro de extinción, por desajustes en su ciclo reproductivo que no le permitía suficientemente garantizar la conservación de la especie, lo cual pudo haber ocurrido, escogiendo entre muchas posibles causas, bien por desaparición del agente polinizador o por férrea competencia de este, por parte de otras plantas que lo utilizaban para el mismo fin.
Dada esta circunstancia, y de acuerdo al principio de la “Selección Natural”, según la cual, los organismos mejor adaptados al medio ambiente, sobreviven y desplazan a los menos adaptados mediante la transformación de sus peculiaridades físicas y de comportamiento a través de cambios genéticos aleatorios (mutaciones) en la población de generación en generación, la planta, logro imitar, a lo largo de generaciones, las características físicas, fisiológicas y conductuales del abejorro.
Esto en realidad nos ofrece una explicación lógica al asunto si no fuera por un detalle: el azar.
En la historia que nos ocupa, podríamos aceptar a regañadientes, que pudiese haber ocurrido una sola mutación al azar en la planta que imite una sola característica del abejorro, bien la forma, bien el color o bien el aroma. Pero que dos características morfológicas, forma y colores, una fisiológica, la emisión del aroma y una conductual la capacidad de florecer simultáneamente según el ciclo sexual del abejorro, se hayan producido en la planta al azar, la verdad se hace bien cuesta arriba de creer.
Aceptemos por un momento, como posibilidad lógica y en aras de un análisis escrupuloso del asunto, que el azar no estuvo involucrado, si es así, entonces deberíamos admitir el siguiente proceso lógico: en primer lugar, que la planta tuvo la capacidad de entrar en conocimiento de que se encontraba en peligro de extinción y que debía actuar en consecuencia, en segundo lugar, que andaba un abejorro por allí deambulando que podría sacarla de aprietos. En tercer lugar, captar, aun no teniendo órganos sensoriales, por una parte la forma y el color de la hembra del abejorro y por otra, las características quimicas de su aroma y que todo ello, este abejorro lo utiliza para atraer al macho de su especie dentro de un ciclo reproductivo determinado. En cuarto lugar, llegar a la conclusión de que si imita a la hembra del abejorro con todas estas características, resuelve su problema de polinización y en quinto y ultimo lugar, realizar las modificaciones necesarias en su ADN para que tales características se hagan efectivas.
Si esto es así, es decir, si la evolución no se produce al azar y los organismos saben pòrqué, cuando y como mutar, entonces existen cosas en la naturaleza, otras mas entre las muchas otras, que desconocemos absolutamente, que casi no podemos ni imaginar ni aceptar como hechos ciertos, algo asi, como la existencia de algo superior, una especie de conciencia sobrenatural que rige los destinos de la evolución o en todo caso, de la creación, que quizás se encuentre en pleno desarrollo; y que tal vez, sea esta conciencia, la misma que rige los destinos del universo.
Saquen ustedes sus propias conclusiones.
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